lunes, 1 de marzo de 2010

Academia de San Carlos

ACADEMIA DE SAN CARLOS.
Fundada por Real Cédula de 25 de diciembre de 1783 como Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes, se encuentra localizada en lo que hoy se conoce como Centro Histórico de la Ciudad de México, en la antigua calle del Amor de Dios, actualmente, y por ubicarse ahí la escuela, calle de Academia. Arquitectura, pintura y escultura fueron las ramas principales que se impartieron. Ha sido objeto y consecuencia de las ideologías de las épocas. En un primer momento surge como la "academia" que pregonaban los ilustrados dieciochescos, que manifestaban la necesidad por poseer un lugar y un grupo colegiado para teorizar y practicar un método de estudio. Desde su nacimiento la Academia de San Carlos ha sido el lugar donde han convergido los artistas más importantes del país, por esa razón ha tenido durante su trayectoria momentos varios de auge. Como formadora, bajo preceptos clásicos y ortodoxos de enseñanza, tuvo una ruptura radical en la segunda década del siglo XX, cuando el arquitecto Antonio Rivas Mercado fue destituido de su puesto como director luego de una huelga instigada en parte por el Dr. Atl en contra de los preceptos anquilosados de enseñanza. A partir de este momento (1913), puede decirse que la Academia inicia su incursión en una etapa moderna de enseñanza, pues, entre otros sucesos notables, ingresan a su cuerpo docente personalidades que serán hito de la pintura mexicana y que podrían parecer hasta opuestos en estilos. Simultáneamente, nacen también las Escuelas de Pintura al Aire Libre, que serían respuesta y crisol de nuevas formas de ver el arte.
La Academia ha tenido los siguientes nombres: Academia Nacional de San Carlos de México (1821); Academia Imperial de San Carlos de México (1863); Escuela Nacional de Bellas Artes (1867); Escuela Nacional de Artes Plásticas (1929; en este año se divide en Escuela de Artes Plásticas y Facultad de Arquitectura, dependiente de la Universidad Nacional). En la actualidad, integrada a la Universidad Nacional Autónoma de México, la Academia de San Carlos alberga la División de Estudios de Posgrado de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Alumnos destacados:

* José Clemente Orozco
* Diego Rivera
* Rufino Tamayo
* Manuel Felguérez
* Telesforo Herrera
* Gabriel Orozco[8]
* Félix Parra
* Matilde Poulat

Los antecedentes de la Academia de San Carlos se remontan tiempo atrás de su fundación, cuando importantes artistas y arquitectos novohispanos solicitaban a las autoridades y al Rey de España la creación de una Academia en donde se impartieran el arte de la pintura y escultura . Uno de los pintores más importantes de su tiempo en el virreinato, Miguel Cabrera, propone hacia el año de 1753 la necesidad de la creación de una Academia titulada como "Academia de la muy Noble e inmemorial Arte de la Pintura" . Se sabe que no solo él, sino varios artistas enviaron sus propuestas, pero nunca fueron contestadas.

Hacia el año de 1779, el acuñador de la Casa de Moneda, Jerónimo Antonio Gil, quien ya había solicitado la fundación de una escuela de grabado para mejorar la producción y acuñación del metal, también solicita a las autoridades de la Casa de Moneda, a las virreinales y al Rey de España la creación de una Academia similar a la entonces Academia de las Nobles Artes de San Fernando en la capital de la metrópoli con el fin de mejorar aun más la producción de monedas y contar con mejores arquitectos. Así pues contando con aprobación, el día cuatro de noviembre de 1781 y en honor al rey Carlos III, se comienzan a impartir las clases bajo el nombre de Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos: arquitectura, pintura y escultura de la Nueva España . Dos años más tarde, es fundada por Real Cédula el día 25 de diciembre de 1783 bajo el nombre de Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes , bajo el amparo de San carlos Borromeo . Las clases comienzan a ser impartidas por Jerónimo Antonio Gil y posteriormente se envían maestros de la Academia de San Fernando para dirigir y enseñar las áreas que se impartían.

La primer sede de la academia estuvo en el edificio que correspondió a la Casa de Moneda en donde se impartieron clases hasta el año de 1791, se decide cambiar la sede a un lugar cercano, destinándose el edificio que fuera del antiguo Hospital del Amor de Dios .

Durante la época de la Revolución Mexicana la Academia cierra por tres años y se reabre como Escuela Nacional de Bellas Artes incoporada a la Universidad Nacional de México.

En 1929, cuando a la Universidad Nacional de México recibe su autonomía la Academia se divide en Escuela Nacional de Arquitectura y Escuela Central de Artes Plásticas y en 1933 ésta última cambia de nombre a Escuela Nacional de Artes Plásticas.

viernes, 19 de febrero de 2010

Difusion de la imprenta

La difusión de la imprenta del S. XV al XVIII.
1. Factores que motivaron el establecimiento de nuevas imprentas.
2. La difusión geográfica en Europa.
2.1. S XVI.
2.2. S. XVII.
3. La imprenta en Valencia (siglos XVI-XVIII).
3.1. S XVI.
3.2. S. XVII.
3.3. S. XVIII.
4. El nuevo mundo.
4.1. México.
4.2. Perú.
4.3. Estados Unidos.
5. Extremo Oriente.

1. Factores que motivaron el establecimiento de nuevas imprentas.
En la mayoría de los casos fueron los eclesiásticos los mayores difusores de la imprenta en sus
comienzos, ya que como consecuencia de las guerras que devastaron Europa durante los siglos XV y
XVI, habían desaparecido los libros litúrgicos de las iglesias y debían reponerse con rapidez para
restaurar el culto. Por ello, los canónigos de las catedrales costearon con frecuencia los gastos
necesarios para la instalación de un taller tipográfico.
Junto a los libros para el culto comenzaron a aparecer impresiones de textos sagrados, tratados
teológicos, obras clásicas y algunos libros destinados a acrecentar la piedad popular.
Pero la imprenta era sobre todo una industria, y como tal debía orientarse hacia fines comerciales y
obtener al menos los beneficios necesarios para cubrir los gastos de impresión. Los impresores
comenzaron a independizarse del mecenazgo de la Iglesia. Para ello hubo que resolver una serie de
problemas, el principal de los cuales era el de la distribución.
Había que encontrar, a ser posible en la propia ciudad donde estaba ubicada la imprenta, una clientela
estable y extensa. Por ello, las ciudades universitarias fueron un lugar de asentamiento próspero.
También las sedes episcopales, y lugares donde había importantes tribunales de justicia. En las
ciudades comerciales también se instalaron numerosas imprentas dado que burgueses acomodados e
incluso artesanos comenzaron a conformar sus bibliotecas.
2. La difusión geográfica en Europa.
Entre 1455 y 1460, funcionaron en Maguncia varios talleres. El principal de ellos fue el de Fust y
Schöeffer. Estos llegaron a vender obras en Frankfurt, Lübeck, e incluso abrieron una tienda en París.
En los 10 años siguientes la imprenta se extendió por toda Alemania. En 1465 pasó a Italia, y a partir
del 1470 los talleres se multiplicaron por toda Europa hasta llegar el 1480 a funcionar en 110 ciudades.
Italia se convirtió en el país de mayor actividad, superando a las imprentas alemanas. Las ciudades
mas activas fueron Venecia, Milán y Florencia.

España, Francia e Inglaterra tuvieron una actividad mucho menor, dependiendo el comercio del libro
en gran parte de las ediciones italianas. Durante el siglo XVI, la imprenta continuó su expansión
ascendente.
2.1. Siglo XVI.
Destacó como gran centro impresor, en este siglo, la ciudad de Amberes. Aunque en principio se
dedicaron a abastecer el mercado de la clientela de comerciantes y burgueses de esta ciudad, pronto
comenzaron a imprimir para la exportación, por ejemplo, obras inglesas.
En Alemania destacó la ciudad de Estrasburgo, haciéndose famosas sus ediciones por su calidad. Se
convirtió en un importante centro de ilustradores. En esta época llegaron a funcionar en Alemania
imprentas en 140 localidades nuevas.
En Francia la actividad editorial fue también muy destacada. El comercio y la industria tipográfica
francesa aparecían divididos en dos zonas:
�� Norte: Se vendían libros impresos en París.
�� Sur: Dominaba la ciudad de Lyon, que gracias a sus ferias había adquirido las características
de una industria de exportación.
Los impresores imitaban las obras venecianas, y llegaron a tener representación en Madrid, Barcelona
y Burgos.
En España, el cardenal Jiménez de Cisneros, con la colaboración de Antonio de Nebrija hizo imprimir
en Alcalá de Henares a Arnau Guillén de Brócar , la famosa Biblia políglota, entre 1524 y 1517.
Los principales impresores de este siglo estaban ubicados en Salamanca, Barcelona, Sevilla, Valencia
y Madrid. A parte de los libros impresos en nuestro país, se importaban obras, especialmente de Lyon
y Amberes.
En Inglaterra los impresores y libreros lograron crear una industria tipográfica independiente. El deseo
de proteger la industria nacional, y evitar que penetraran las ideas de la reforma luterana, motivó que
los reyes Tudor practicaran una política proteccionista. Esto se refleja en la prohibición de 1523 de
contratar aprendices que no fueran ingleses. El estado concentró la industria tipográfica en Londres,
limitando el número de talleres. Solo se autorizó a funcionar las prensas que abastecían las
universidades de Oxford y Cambridge y la ciudad de York.
El problema religioso afectó notablemente al mundo de la imprenta. La reforma luterana produjo un
cambio considerable en los centros de producción editorial de Alemania.
Así, Leipzig, muy activa a comienzos de siglo, se eclipsó cuando el católico Jorge de Sajonia comenzó
a perseguir a los impresores protestantes. En cambio, la actividad de Lutero impulsó la imprenta en
otras ciudades alemanas como Wüttenberg. Allí se imprimió la Biblia en alemán y miles de escritos
luteranos. Apareció una literatura de combate representada por los folletos y panfletos en alemán que
era distribuida por los vendedores ambulantes.
En Ginebra Calvino creó otro gran centro editor para la difusión de la cusa protestante. Por su cercanía
a la ciudad de Lyon acudieron muchos oficiales tipógrafos que carecían de trabajo.
La contrarreforma comenzó a alterar de nuevo el mapa de los grandes centros editoriales a partir de
1570. La decisión del Concilio de Trento de unificar y revisar el texto de los libros litúrgicos, según el
uso romano, favoreció el resurgimiento de las imprentas católicas.
En Italia, Venecia y Roma recobraron su importancia como centros impresores, y en los Países Bajos
Amberes, bajo influencia española, se convertirá en el principal centro editorial de la contrarreforma.
También renació la imprenta en las ciudades del sur de Alemania, así como en Colonia.
2.2. Siglo XVII.
La literatura profana en lengua vulgar, desterrada frecuentemente a un público que ignoraba el latín,
especialmente a las mujeres, se puso de moda en España, Francia, Inglaterra y Holanda. Eran textos
de venta fácil y rápida. Los talleres tipográficos se multiplicaron en este siglo, hasta el punto de que
apenas hubo una ciudad pequeña que no poseyera una imprenta. Eran negocios familiares que
sobrevivían imprimiendo documentos administrativos, abecedarios o libros de texto elementales.


En el siglo XVII fue muy relevante la imprenta holandesa. Libres de la tutela española, iniciaron la
conquista de un imperio colonial, con la familia Nassau a la cabeza. Este siglo de oro de Holanda
atrajo a muchos intelectuales protestantes franceses que se refugiaron bajo la tutela de Mauricio de
Nassau.
Así, Ámsterdam se convirtió en el segundo centro editorial en lengua francesa después de París, y
gracias a su posición y a sus extensas relaciones comerciales se convirtió en el siglo XVIII en centro
del comercio del libro europeo.
En Rusia el primer libro que se conoce está impreso en Moscú, y data de 1563-1564. Se trata del libro
del diácono Ivan Fiodorov, titulado El apóstol, e ilustrado con múltiples grabados. Durante cerca de un
siglo únicamente se publicaron libros litúrgicos. Solo a mediados del siglo XVII se comenzó a editar
libros profanos.
Todos los libros publicados en Rusia en esta época tienen un denominador común: el uso de
caracteres cirílicos. La imprenta rusa alcanzó un gran desarrollo a partir del siglo XVIII, con grandes
tiradas.
3. La imprenta en Valencia (siglos XVI-XVIII).
3.1 Siglo XVI.
A principios del siglo XVI, se instalaron en Valencia nuevos impresores. El estilo de la imprenta
valenciana evolucionó adaptando nuevos tipos como el itálico romano. Abundaban las orlas y escudos
y los grabados se ejecutaban con mayor delicadeza y precisión. Pero a cambio se utilizaba un papel de
mala calidad. Son más numerosas las obras impresas en lengua vulgar, en detrimento del latín. Se
aumentan las tiradas de libros, apareciendo el libro de bolsillo.
Entre las nuevas familias de impresores, destacan las de Huete, Navarro y Mey. Una de las obras que
alcanzó mayor difusión fue la Vita Cristi de Sor Isabel de Villena, reimpresa en 1513. Un impresor
notable fue también Joan de Timoneda, zurrador de profesión. Abandonó este oficio para convertirse,
primero en librero y luego en impresor, Fue comediógrafo y poeta, y editó numerosos cancioneros en
los que incluyó obra propia y ajena.
3.2. Siglo XVII.
A comienzos del siglo XVII empieza a expandirse la imprenta a otras ciudades valencianas. Diego de
la Torre se estableció en Orihuela en 1612 a instancias del obispo, y contando con los dominicos de la
ciudad como clientes. Pero en 1603 falto de trabajo se trasladó a Zaragoza.
Jaime Mesnier introdujo la imprenta en Alicante en 1689, y Francisco Felipe Mey lo hizo en Segorbe en
1613. Estos impresores se trasladaban de una ciudad a otra según vieran las posibilidades
económicas de cada una de ellas.
Los Mey trabajaron mucho en este siglo en la ciudad de Valencia. El fundador de la dinastía había sido
Juan Felipe Mey, natural de Flandes, quien se avecinó en 1535. Su hijo Pedro Patricio fue el
continuador del negocio familiar desde 1581, llegando al punto más alto de la maestría en el siglo XVII.
Imprimió, entre otras obras notables, un Quijote en 1605, las décadas de la historia de Valencia de
Gaspar Escolano en 1610 o los Anales del Reino de Valencia de Francisco Diago en 1612.
Otro hijo de Juan llamado Juan Felipe fue, además de impresor, catedrático de prosodia, gramática y
retórica de la Universidad de Valencia.
Otros impresores notables de la Valencia del siglo XVII fueron Jerónimo Vilagrasa, también grabador,
Miguel Sorolla, Claudio Mace, y la familia Cabrera.
Durante este siglo la imprenta valenciana sufrió un proceso de decadencia gradual debido a:
�� La baja calidad del papel y la tinta.
�� Los tipos o caracteres desgastados.
�� La decadencia económica fruto de la guerra de las germanías y la expulsión de los moriscos.
3.3. Siglo XVIII.
Este siglo se caracterizó por un resurgimiento del arte tipográfico, continuando la expansión de la
imprenta en la ciudad de Valencia y en otras poblaciones.
En Alicante se consolidó, destacando Page, Andrés Clemente y Nicolás Carratalá. En Orihuela
trabajaron Jaime Mesnier y Jose Vicente Algarda que firmaba como impresor de la ciudad y del obispo.
En Valencia se fundó la Compañía Valenciana de Libreros e Impresores, muy activa entre 1769 y
1765. Fundada por Manuel Cavero y Juan Antonio Mallén, no tenía como finalidad la ganancia
comercial, sino que desarrollaba una labor cultural. El erudito Gregorio Mayans comentó alguna de sus
ediciones.
A parte destacaron tres familias de impresores que regentaban las grandes imprentas del XVIII.
Primero Antonio Bordazar de Artazu, que heredó la imprenta de su padre, editó obras de Gregorio
Mayans, de quien era amigo personal, y escribió él mismo tratados de historia, matemáticas,
astronomía y gramática. Fue impresor de la ciudad, del arzobispado y de la inquisición.
José de Orga trabajó en la imprenta de Bordazar como encargado y luego se trasladó a Madrid. Su
viuda, Antonia Gómez, volvió a Valencia con una parte de las prensas y la letreria, y comenzó a
imprimir con ayuda de sus hijos José y Tomás. Esta imprenta llegaría hasta el siglo XIX. Entre sus
obras destacan la Biblia traducida por el padre Scio de san Miguel , en 10 volúmenes.
Benito Monfort comenzó a trabajar en la imprenta de la viuda de Bordázar. Se estableció por su cuenta
y se convirtió sucesivamente en impresor de los jesuitas de la Universidad de la ciudad y de otras
instituciones académicas. Entre sus obras destaca la opera omnia de Juan Luis Vives, en 8
volúmenes, y la historia de España de Juan de Mariana, en 9 volúmenes. Continuará hasta 1852, año
en que regentaba la imprenta Monfort su nieta Magdalena Monfort Rius.
La imprenta del siglo XVIII destacaba por utilizar tipos de talla perfecta, papel y tinta de gran calidad,
amplio margen y suntuosos grabados.
También aparecen en este siglo imprentas propias de los periódicos como el Diario de Valencia, que
comenzó a editarse en 1790. Al mes de editar su primer número ya poseía un taller independiente.
Se editaron para las clases populares multitud de coloquios, romances y hojas sueltas, que
despreciadas por los eruditos y bibliotecarios, han desaparecido en gran parte.
4. El nuevo mundo.
4.1. México.
En 1539 Fray Juan de Zumarraga obtuvo permiso de la corona española para establecer en México un molino de papel y una imprenta. Para ello, el impresor sevillano Juan Cromberger envió a uno de sus tipógrafos, Juan Pablos, con una prensa. Este comenzó a imprimir abecedarios, obras destinadas a la instrucción religiosa de los indios y algunos tratados jurídicos. En 1550 llegó a la ciudad un fundidor de tipos también sevillano llamado Antonio de Espinosa, quien realizó para Pablos caracteres romanos que sustituyeron a los góticos que se habían utilizado hasta entonces. Entre el 1537 y el 1550 se consideran incunables mexicanos.
A finales del siglo XVI y desde el siglo XVII ya funcionan numerosas imprentas, llegándose a imprimir 1228 obras en este siglo (XVII).
4.2. Perú.
En 1584 Antonio Ricardo estableció en Lima la primera imprenta. Lo habían llamado los jesuitas que poseían en la capital de Perú un importante colegio. Necesitaban libros para la evangelización de los indios. En el siglo XVII Lima contaba ya con 10.000 habitantes, una universidad con 80 profesores y tres talleres de impresión.
4.3. Estados Unidos.
La primera imprenta se instaló en 1638 en Nueva Inglaterra, en los alrededores de Massachussets. No obstante la imprenta tardó bastante en desarrollarse en América del Norte. Así, en 1974 se instaló un taller en Boston, y en 1685 en Philadelphia. .
Será en el siglo XVIII cuando alcanzará una gran expansión a través de los periódicos. Las primeras gacetas norteamericanas copiaban a menudo a las europeas, pero con noticias importantes para la reconstrucción de la vida cotidiana de aquellas ciudades.
El impresor que tenía un taller solía fundar un periódico del cual era, a veces, el único redactor.
Debido a las grandes distancias y a la necesidad de encontrar lectores, se comenzó a enviar ejemplares por correo. Esto hizo que en más de una ocasión el jefe de correros local se convirtiera en impresor o viceversa. Por ello, los talleres tipográficos americanos hacían en ocasiones de relevo de
postas y de tiendas, donde además de libros se vendían múltiples objetos.
5. Extremo Oriente.
Tras la llegada a China y Japón por parte de los portugueses, los jesuitas introdujeron los últimos adelantos de la imprenta occidental en extremo oriente. San francisco Javier y sus sucesores se limitaron, en principio, a utilizar los procedimientos tradicionales en China. Pero en 1584 el padre Valignano se propuso introducir los caracteres móviles fundidos al estilo europeo. Así imprimió una obra escolar en 1589, y se comenzó la traducción al chino de los tratados más importantes de la ciencia y la cultura occidental. Se logró publicar una enciclopedia de temas matemáticos y científicos de más de 100 volúmenes.
En Japón fueron impresas más de 20 obras por el sistema occidental entre 1549 y 1644, gracias a la actividad evangelizadora de los jesuitas. Estas obras son valoradas actualmente por los historiadores de la imprenta como auténticos incunables.
En La India también se fundaron observatorios astronómicos y se tradujeron muchos de los escritos fundamentales de la cultura autóctona como las vedas.
La revolución Francesa y las guerras napoleónicas interrumpieron momentáneamente el contacto de occidente y Oriente.

Imprenta en Mexico


Los impresores libreros en
Nueva España del siglo XVII




Durante el siglo XVII se continuó con los mismos métodos de impresión y grabado del siglo XVI Los viejos estilos tipográficos que dieron a los libros mexicanos del siglo XVI semejanzas con los incunables europeos, se fueron estilizando por tipos romanos más claros y elegantes como los de Plantin, Garamond y Elzevir.
Los libros mexicanos empezaron a mostrar su excelente calidad ya que, aunque fueron realizados bajo los conceptos más clásicos, mostraron un excelente gusto y oficio. Las mejores ediciones fueron los textos de Cátedras en la Real y Pontificia Universidad de México, entre los que destacan los libros de medicina, así como algunas obras literarias como la Grandeza mexicana, de Bernardo de Balbuena, la Primavera indiana, de Sigüenza y Góngora, obras menores de Sor Juana Inés de la Cruz y otros impresos como Noticia breve de la dedicación de la Catedral de México, de Isidro de Sariñana, y Exposición filosófica contra el cometa.
De diversas imprentas salió una gran cantidad de obras ilustradas con grabados un tanto imperfectos, ingenuos, producto en muchas ocasiones de artistas anónimos. Algunos trataban de reproducir un grabado europeo, mas la sencillez de los elementos con que están construidos, revela su factura un tanto primitiva, no obstante que se producen durante el siglo XVII algunos excelentes grabados y proliferan las imágenes guadalupanas.
Los impresores libreros
Estos impresores, además de tener imprenta, contaban con tienda y se hacían llamar impresores y mercaderes de libros. Se trata de un grupo pequeño de impresores solventes, capaces de establecer una doble empresa: la impresión de las obras y la venta de las mismas. Eran los que controlaban todo, dejando así fuera de la competencia a los pequeños talleres tipográficos. Este grupo, además de manejar la producción y la venta, mantenía las mejores relaciones con las autoridades eclesiásticas y civiles, de las que obtenía licencias y privilegios de impresión. Estuvo compuesto por aquellos individuos que consolidaron una empresa familiar capaz de perdurar, a veces, hasta por más de un siglo.
Si bien aparecerán muchos nombres de impresores, es importante resaltar que en algunos casos se trata de parientes, cuyas imprentas pasaban de una generación a otra. Cabe hacer notar que sólo hubo tres impresores y mercaderes de libros que no tuvieron el respaldo de una gran familia y por lo mismo su presencia fue más discreta, sobre todo en las tres primeras décadas del siglo; ellos fueron Diego Garrido y su viuda, Francisco Robledo y Francisco Sálbago.
En este grupo sobresale Bernardo Calderón, fundador en 1631 de una larga tradición tipográfica que perduró a través de su descendencia por ciento treinta y siete años. Bernardo Calderón, su viuda y sus herederos dejaron constancia de su labor en 497 impresos de diferente índole, principalmente con una temática religiosa. Irving Leonard atribuye el éxito de los Calderón a que cinco de sus seis hijos recibieron las órdenes sagradas, lo cual, dice Leonard, "hizo de la Iglesia un cliente importante..." para los Calderón y se diría que eso marcó la especialidad de la familia.
Bernardo Calderón sólo trabajó por algunos años la imprenta, de 1631 a 1640, y le sustituyó su viuda, Paula de Benavides, con quien tuvo los mencionados seis hijos: Antonio, Gabriel, Diego, Bernardo, María y Micaela. De éstos, sólo María no tomó el camino eclesiástico y se casó con otro impresor, Juan de Ribera. La viuda de Bernardo Calderón se hizo cargo de la imprenta y tienda entre los años de 1641 y 1684, y durante esos cuarenta y tres años imprimió cerca de 332 escritos, entre constituciones de las provincias, cartillas, doctrinas, sermones, hagiografías, inclusive las escritas por sus hijos Antonio, quien escribiera, entre otras obras, Epítome sumario de la vida y muerte del B. P. M. Pedro de Arbues, inquisidor apostólico del Reyno de Aragón a quien nuevamente ha beatificado N. M. S. P. Alexandro VII, de 1667, y Gabriel, que fue autor de Epítome de la vida de S. Marcial, apóstol de la Francia, de 1672. También imprimió los Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Catedral de México, a los maitines del glorioso príncipe de la Iglesia, el señor San Pedro, de 1677, de Sor Juana Inés de la Cruz, e inclusive otras obras religiosas que ella misma costeó como el Breviloquio moral práctico en que se contienen las sesenta y cinco proposiciones prohibidas por N. S. S. P. Inocencio XI, de fray Tomás de Velasco, impresa en 1681. En 1980 imprimió Teatro de virtudes políticas, que constituyen a un príncipe: advertidas en los monarcas antiguos del mexicano imperio, México, de Carlos de Sigüenza y Góngora.

La viuda de Bernardo Calderón dejó como herederos de la imprenta a sus hijos Diego y María, quienes la trabajaron de 1684 a 1718, tiempo en el que los "herederos de Bernardo Calderón" estamparon 144 impresos. Es ese tiempo María ya estaba casada con Juan de Ribera, quien, como ya hemos dicho, también tenía imprenta. María, por su parte, heredó la imprenta de los Calderón a tres de sus hijos: José, Francisco y Miguel de Ribera Calderón.
La familia de Bernardo Calderón en ocasiones se vio favorecida por el virrey en turno, dándoles privilegios para imprimir cartillas y doctrinas, ya que el primer privilegio otorgado a Bernardo Calderón por el virrey Rodrigo de Pacheco en 1631, fue para imprimir cartillas. En 1632 se le refrendó para imprimir cartillas grandes y pequeñas. En 1652 el Conde de Alba de Aliste le otorgó privilegio a la viuda de Calderón, y en 1684 el Conde de Paredes autorizó otro refrendo. En 1700 se les concedió a los herederos de la viuda de Bernardo Calderón la "licencia para imprimir la Cartilla Mayor en lengua castellana, latina y mexicana y con prohibición que ninguna otra persona sino la dicha viuda en toda la Nueva España pueda imprimir cartillas ni doctrinas pena de doscientos pesos y los moldes perdidos".
También ostentaron el nombre de "Imprenta del Secreto del Santo Oficio" por el hecho de realizar trabajos tipográficos para la Inquisición. Esto les permitió tener el monopolio de los impresos oficiales, marcándolos como los principales difusores de la ideología del gobierno novohispano.
Fue famosa su imprenta y tienda, siempre ubicada en la calle de San Agustín. Unas memorias de libros presentados a la Inquisición por la viuda de Bernardo Calderón dan testimonio de la magnitud del comercio que llevaban a cabo; esto incluía tanto su producción como la de otros impresores de México y Europa. En 1665 vendían 1126 impresos, entre obras devotas, gramáticas, vocabularios, sermones, ejercicios espirituales, biblias, devocionarios, crónicas de órdenes religiosas, romances y un considerable número de hagiografías, por mencionar sólo algunos. En 1660 ofrecían a sus clientes una variedad de 1239 títulos, en los que predominaba una temática religiosa. Estas memorias fueron revisadas conforme al Índice expurgatorio, de 1640. Uno de los pareceres otorgado por fray Juan Ortiz de los Heroz señala que de todos los libros presentados algunos ya estaban corregidos, otros ya ajustados, algunos más los corrigió y otros estaban prohibidos, como la Vida de Sor Juana de la Cruz, "porque no estaba corregida", otros por no tener autor, etcétera.
Otro impresor y mercader de libros que sobresale en este segundo grupo en Juan de Ribera. A él lo vemos figurar primero como mercader, desde 1677, y ya como impresor y mercader en la calle del Empedradillo a partir de 1684. El apellido Ribera tenía antecedentes en el mundo de la palabra impresa, ya que su hermano Hipólito de Ribera tenía el mismo oficio y los dos fueron hijos del también librero Diego de Ribera.
Años antes Juan de Ribera había contraído matrimonio con María Calderón Benavides, hija de Bernardo Calderón y Paula de Benavides, quien a la usanza de la época adoptó el apellido materno y fue mejor conocida como María de Benavides. Esta asociación por matrimonio de una familia de mercaderes con una de impresores sirvió para iniciar una nueva rama de impresores-libreros y continuar con la tradición tipográfica y comercial, ya que los descendientes del matrimonio Ribera Calderón siguieron el mismo oficio hasta muy entrado el siglo XVIII, en 1767.
Juan de Ribera y María de Benavides tuvieron ocho hijos, dos de los cuales tomaron la vida religiosa y otros dos, Miguel y Francisco, continuaron con la tradición tipográfica de las familias y al parecer trabajaron juntas las dos imprentas, la que fue de los Calderón y la de su padre.

La producción de Juan de Ribera consistió en ciento cuarenta y ocho impresos, entre ellos el Neptuno alegórico, océano de colores, simulacro político que erigió la muy esclarecida, sacra, y augusta Iglesia Metropolitana de México, de Sor Juana Inés de la Cruz, de 1680.
Cuando Juan de Ribera murió, su viuda María de Benavides quedó al frente de la imprenta entre los años de 1685 y 1700. De sus prensas salieron más de ochenta impresos con su nombre, aunque en realidad el regente fue su hijo Miguel, sin que su nombre figurara, hasta que ella murió. Fue aquí cuando se repartieron las dos imprentas, la de los Calderón ubicada en la calle de San Agustín, que pasó a poder de Francisco de Ribera, quien la trabajó entre 1703 y 1729, y por algunos años más su viuda, Juana de León y Mesa.
La segunda imprenta de Juan de Ribera, ubicada en la calle del Empedradillo, continuó en manos de Miguel de Ribera sólo por algunos años más. Su viuda Gertrudis de Escobar y Vera se hizo cargo de ella durante ocho años, en los que produjo más de setenta impresos. Doña Gertrudis la heredó a sus once hijos y sus descendientes siguieron lo que parece fueron tres tradiciones importantes de la familia: su presencia en las órdenes eclesiásticas, en el mundo de la tipografía y dentro de la Iglesia de San Francisco, donde fueron enterrados casi todos.
Los herederos de la viuda de Miguel de Ribera permanecieron en la imprenta durante diecisiete años, de 1717 a 1732, con una producción de ciento setenta y siete impresos. No se sabe con seguridad quién se hizo cargo de la imprenta, posiblemente fue la hija menor, María, aun cuando su nombre no aparece en los impresos. Los herederos de la viuda de Miguel de Ribera imprimieron en 1722 los primeros seis números de la Gaceta de México, de Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche, con lo que dio comienzo el periodismo regular mexicano. A partir de 1732 figura María de Ribera en la tipografía novohispana y durante los siguientes veintidos años la encontramos en su tienda-taller del Empedradillo. En 1734, María de Ribera incrementó el número de impresos y para el año siguiente su imprenta llevó el nombre de Imprenta Real del Superior Gobierno y el Nuevo Rezado. Uno de sus éxitos más reconocidos fue la impresión durante varios años de la Gaceta, que era el compendio de noticias mexicanas con índice general de todas, y contenía variadas noticias de interés general, imprimiendo sesenta números entre noviembre de 1732 y diciembre de 1737.
El nombre de María de Ribera apareció en los impresos novohispanos hasta el año de 1754 y entre éste y 1768 continuaron con la imprenta los herederos de María, que posiblemente fueron sus sobrinos o algún otro pariente, porque ella no se casó. De esta forma terminó la tradición tipográfica construida por los Calderón y los Ribera.

Entre los impresores-libreros destaca también la familia Rodríguez Lupercio, que sin ser tan numerosa como la de los Calderón, fue casi tan productiva como ella y en aproximadamente ochenta años produjeron 444 impresos. Francisco Rodríguez Lupercio inició sus labores tipográficas asociado con Agustín de Santiesteban y Vértiz, mercader de libros, con quien al parecer no duró mucho, ya que en 1661 el nombre de Santiesteban desapareció de las portadas. Rodríguez Lupercio siguió adelante e intensificó su trabajo. Casado con Gerónima Delgado, vivía en el Portal de las Flores y como cosa rara su imprenta no estaba junto a su casa sino en la calle de Puente de Palacio; en ella no sólo se imprimían sino también se grababan y vendían libros. En su taller se imprimieron varias obras de Fray Agustín de Vetancurt, como el Arte de lengua mexicana, de 1673; de Pedro Salmerón la Vida de la venerable Madre Isabel de la Encarnación, carmelita descalza, natural de la ciudad de los Angeles, de 1675; de Rodrigo de Aguilar y Acuña los Sumarios de la recopilación general de las leyes, ordenanzas, provisiones, cédulas, instrucciones y cartillas acordadas, que por los Reyes Católicos de Castilla se han promulgado, de 1677, y del ermitaño Gregorio López el Tesoro de Medicinas, para diversas enfermedades, de 1674, cuya impresión costeó el mismo Rodríguez Lupercio. En total sus prensas produjeron noventa y un impresos. Al morir en 1683, le sustituyó su viuda, quien a partir de esa fecha y hasta 1696, poco antes de morir, sacó a la luz más de ochenta trabajos de imprenta, incluso un relato de la Vida de fray Bernardo Rodríguez Lupercio, su pariente, escrito por Balthasar de Medina en 1688.
En su tienda se podían adquirir, además de hagiografías, sermones, obras espirituales, la obra de Antonio de León Pinelo Si el chocolate quebranta el ayuno, impresa en Madrid por la viuda de Juan González en 1636; los Trabajos de la Virgen de Antonio Mijangos, impresa en Madrid por Juan Sánchez en 1642 y setenta títulos más, la mayoría impresos en Madrid y México. De esta forma logró sostener imprenta y tienda con prestigio.
En 1697 murió la viuda de Rodríguez Lupercio, dejando como herederos del negocio a sus hijos. De ellos sólo se sabe con certeza el nombre de uno, el del bachiller Rodrigo Alfonso Rodríguez Lupercio, quien posiblemente fue el que regenteó la imprenta por un periodo de treinta y nueve años, tiempo en el que imprimió más de doscientas setenta obras. El nombre de la familia desapareció de las portadas de los impresos mexicanos en 1736.
Por último, dentro de este grupo de impresores-libreros nos referiremos a Juan José Guillena Carrascoso, cuyas prensas trabajaron al final del siglo XVII y principios del XVIII, de 1684 a 1721. Guillena Carrascoso era español, casado con María de San José Contreras y Monroy, y parece ser que fue el único caso en que murió primero la esposa. Se desempeñó como impresor y mercader de libros en el Empedradillo, junto a las casas del Marquesado. Sus prensas trabajaron sin interrupción por varios años, inclusive alcanzó a imprimir cuatro obras en 1703, año en que la carestía de papel se agravó, ante lo cual el virrey hizo publicar un bando "mandando bajar algunos géneros que habían encarecido los mercaderes, que fueron el papel, que estaba a 14 pesos la resma que lo puso en 6 pesos... con pena por la primera y segunda vez al que lo quebrantare y por la tercera confiscación de bienes y destierro conforme a la persona..."
En suma, los impresores y libreros tuvieron a su cargo la importante labor de imprimir y difundir en gran medida la cultura novohispana a través de sus trabajos tipográficos. Fueron ellos los que plasmaron en el papel y circularon las descripciones de Bernardo de Balbuena, las del agustino Fray Juan de Mijangos, los escritos del capellán poblano Pedro Salmerón, los del jesuita calificador del Santo Oficio Francisco de Florencia, los del franciscano Baltazar de Medina, los del Arzobispo de México Francisco de Aguilar y Seixas, los del obispo de Oaxaca Isidro Sariñana y Cuenca; las obras del cronista del Santo Evangelio Agustín de Vetancurt, las poesías de Sor Juana, los escritos de Sigüenza y Góngora; los sermones, cartillas, catecismos y obras ejemplares a través de las cuales se difundían modelos de conducta cristiana, la ciencia, la historia, las artes y, en fin, el entretenimiento que necesitaba la sociedad de entonces.
Como hemos visto, las obras que se imprimieron durante el siglo XVII fueron en su mayoría de temas religiosos, en los que no había nada que contraviniera la moral y la fe. La producción de estas obras complacía ciertamente a la Iglesia, porque constituían una forma de normar la vida de los individuos y como ejemplo diremos que para fomentar la lectura de hagiografías, la Iglesia concedía indulgencias a los lectores de todo o parte del libro.
Hemos visto que los impresores fortalecían las alianzas familiares para conservar sus empresas tipográficas. También parece haber sido determinante en el éxito de algunos impresores, al contar al mismo tiempo con imprenta y tienda. Fue gracias a estos negocios familiares que los talleres tipográficos superaron las crisis económicas, e inclusive en ocasiones costearon diversos impresos para seguir produciendo en las épocas difíciles, contribuyendo en el desarrollo cultural novohispano de siglo XVII.



Juan Pablos, primer impresor en México y en América



El establecimiento de la imprenta en México significó una empresa necesaria e indispensable para la divulgación del pensamiento occidental cristiano. Exigió la conjunción de diversos elementos engranados en un mismo ideal: tomar en cuenta el significado del riesgo de una inversión a largo plazo y el de sortear con tenacidad y empeño otras múltiples dificultades.

Como figuras centrales, patrocinadores e impulsores de la imprenta en nuestro país, tenemos a fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México y a don Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España.

Como actores principales de la empresa figuran Juan Cromberger, impresor alemán establecido en Sevilla, dueño de una prestigiosa casa editora con capital para establecer una filial en la Nueva España y a Juan Pablos, oficial del taller de Cromberger, a quien como copista o componedor de letras de molde se le tuvo la confianza para fundar la imprenta, y a quien también le convino o le atrajo la idea de trasladarse al nuevo continente para establecer el taller de su patrón.

Recibió a cambio un contrato por diez años, la quinta parte de las ganancias por su trabajo y los servicios de su mujer, después de restar los gastos de traslado y del establecimiento de la imprenta en la Ciudad de México.

Juan Pablos recibió de Juan Cromberger 120 000 maravedís destinados tanto a la compra de la prensa, tinta, papel y otros aparejos, como a los gastos del viaje que emprendería con su mujer y dos acompañantes más.

El costo total de la empresa fue de 195 000 maravedís o sea de 520 ducados. Juan Pablos, de origen italiano cuyo nombre, Giovanni Paoli, conocemos ya castellanizado, llegó a la Ciudad de México junto con su esposa Gerónima Gutiérrez, entre septiembre y octubre de 1539. Venían también con él Gil Barbero, prensista de oficio, así como un esclavo negro.

Con el apoyo de sus patrocinadores, Juan Pablos estableció el taller "Casa de Juan Cromberger" en la Casa de las Campanas, propia del obispo Zumárraga, ubicada en la esquina suroeste de las calles de Moneda y cerrada de Santa Teresa la Antigua, hoy licenciado Verdad, frente al costado del ex arzobispado. El taller abrió sus puertas hacia abril de 1540, siendo regidora de la casa sin llevar salario, sólo su mantenimiento, Gerónima Gutiérrez.



La empresa de Cromberger

Fue el virrey Mendoza quien concedió a Juan Cromberger el privilegio exclusivo de tener imprenta en México y traer libros de todas las facultades y ciencias; el pago de las impresiones sería a razón de un cuartillo de plata por pliego, es decir 8.5 maravedís por cada hoja impresa y el cien por ciento de ganancias en los libros que trajese de España.

Estos privilegios respondían sin duda a las condiciones impuestas por Cromberger quien además de ser un hábil comerciante de libros, tenía intereses en actividades mineras en Sultepec, en cooperación con otros alemanes, desde 1535. Juan Cromberger falleció el 8 de septiembre de 1540 casi un año después de iniciado el negocio de la imprenta.

Sus herederos lograron del rey la confirmación de lo acordado con Mendoza por el término de diez años, y la cédula fue firmada en Talavera el 2 de febrero de 1542. Pocos días después, el 17 de ese mismo mes y año, el cabildo de la Ciudad de México concedió a Juan Pablos el título de vecino, y el 8 de mayo de 1543 obtuvo un solar para la edificación de su casa en el barrio de San Pablo, en la calle que iba precisamente hacia San Pablo, a espaldas del hospital de la Trinidad.

Estos datos confirman el deseo de Juan Pablos de arraigarse y permanecer en México a pesar de que el negocio de la imprenta no tuviese el desarrollo deseado, ya que había de por medio un contrato y privilegios de exclusividad que creaban una situación difícil e impedían la agilidad requerida para el crecimiento de la empresa. El mismo Juan Pablos se quejaba en un memorial dirigido al virrey que estaba pobre y sin oficio, y que se sostenía gracias a las limosnas que recibía.

Al parecer el negocio de la imprenta no llenó las expectativas de los Cromberger a pesar de las condiciones tan favorables que obtuvieron. Mendoza, con el ánimo de favorecer la permanencia de la imprenta, concedió mercedes más lucrativas con el fin de motivar el interés de los herederos de esta casa impresora en la conservación del taller de su padre en México.

El 7 de junio de 1542 recibieron una caballería de tierra para siembras y una estancia de ganado en Sultepec. Un año después (8 de junio de 1543) fueron de nuevo favorecidos con dos sitios de ingenios para moler y fundir metal en el río de Tascaltitlán, mineral de Sultepec.

Sin embargo, a pesar de estos privilegios y mercedes, la casa de Cromberger no atendió la imprenta como las autoridades esperaban; tanto Zumárraga como Mendoza y posteriormente la Audiencia de México, se quejaron ante el rey de la falta de cumplimiento en la provisión de los materiales indispensables para la imprenta, papel y tinta, así como del envío de libros.

En 1545 solicitaron al soberano se exigiera el cumplimiento de esta obligación a la familia Cromberger en virtud de los privilegios que se les habían concedido anteriormente.

La primera imprenta con el nombre de "Casa de Juan Cromberger" duró hasta 1548, aunque a partir de 1546 dejó de aparecer como tal. Juan Pablos imprimió libros y folletos, en su mayoría de carácter religioso, de los que se conocen ocho títulos realizados en el período 1539-44, y otros seis entre 1546 y 1548.

Tal vez las quejas y presiones contra los Cromberger favorecieron el traspaso de la imprenta a Juan Pablos. Dueño de ésta a partir de 1548, aunque con grandes deudas por las condiciones onerosas en que se dio la venta, obtuvo del virrey Mendoza la ratificación de los privilegios concedidos a los antiguos propietarios y posteriormente la de don Luis de Velasco, su sucesor.

De este modo disfrutó también de la licencia de exclusividad hasta agosto de 1559. El nombre de Juan Pablos como impresor, aparece por primera vez en la Doctrina Cristiana en lengua Castellana y Mexicana, terminada el 17 de enero de 1548. En algunas ocasiones añadió el de su origen o procedencia: "lumbardo" o "bricense" pues era natural de Brescia, Lombardía.

La situación del taller empezó a cambiar hacia 1550 al conseguir nuestro impresor un préstamo de 500 ducados de oro. Solicitó a Baltasar Gabiano, su prestamista en Sevilla, y a Juan López, violero, vecino de México que viajaba a España, le consiguieran hasta tres personas, oficiales de imprenta, para ejercer su oficio en México.

En septiembre de ese mismo año, en Sevilla, se concertó el trato con Tomé Rico, tirador (prensista), Juan Muñoz componedor (cajista) y Antonio de Espinoza, fundidor de letra quien llevaría como ayudante a Diego de Montoya, de trasladarse todos a México y trabajar en la imprenta de Juan Pablos durante tres años, los cuales se contarían a partir de su desembarco en Veracruz. Se les daría el pasaje y alimentos para el viaje en el océano y una cabalgadura para su traslado a la Ciudad de México.

Se cree que llegaron a fines de 1551; sin embargo, no fue sino hasta 1553 cuando el taller desarrolló el trabajo de forma regular. Se manifestó la presencia de Antonio de Espinosa por el uso de tipos romanos y cursivos y de nuevos grabados en madera, lográndose con estas modalidades superar la tipografía y el estilo en los libros e impresos anteriores a esa fecha.

De la primera etapa de la imprenta con denominación "en casa de los Cromberger" podemos citar las siguientes obras: Breve y mas compendiosa doctrina christiana en lengua mexicana y castellana que contiene las cosas mas necesarias de nuestra sancta fe catholica para el aprovechamiento destos indios naturales y salvación de sus ánimas.

Se cree que esta fue la primera obra impresa en México, el Manual de adultos del que se conocen las tres últimas páginas, editado en 1540 y mandado hacer por la junta eclesiástica de 1539, y La Relación del espantable terremoto que agora nuevamente ha acontecido en la ciudad de Guatemala publicado en 1541.

A estos siguieron en 1544 la Doctrina Breve de 1543 destinada a todos en general; el Tripartito de Juan Gerson que es una exposición de la doctrina sobre los mandamientos y la confesión, y tiene como apéndice un arte de bien morir; el Compendio breve que trata de cómo se van hacer las procesiones, destinado a reforzar las prohibiciones de las danzas y regocijos profanos en las fiestas religiosas, y la Doctrina de fray Pedro de Córdoba, dirigida exclusivamente a los indios.

El último libro realizado con el nombre de Cromberger, como casa editora, fue la Doctrina Cristiana breve de fray Alonso de Molina, con fecha de 1546. Dos obras editadas sin el nombre del impresor, fueron la Doctrina Cristiana mas cierta y verdadera para gente sin erudición y letras (diciembre 1546) y la Regla Cristiana breve para ordenar la vida y el tiempo del cristiano (en 1547). Esta etapa de transición entre un taller y el otro: Cromberger-Juan Pablos, se debió tal vez a las negociaciones iniciales de traspaso o a la falta de cumplimiento del contrato establecido entre las partes.



Juan Pablos, el Gutenberg de América

En 1548 Juan Pablos editó las Ordenanzas y compilación de leyes, utilizando en la portada el escudo de armas del emperador Carlos V y en las diversas ediciones de la doctrina cristiana, el escudo de los dominicos. En todas las ediciones realizadas hasta 1553, Juan Pablos se apegó al uso de la letra gótica y de los grandes grabados heráldicos en las portadas, característicos de los libros españoles de ese mismo período.

La segunda etapa de Juan Pablos, con Espinosa a su lado (1553-1560) fue breve y próspera, y trajo como con secuencia que se le disputase la exclusividad de tener la única imprenta en México. Ya en octubre de 1558 el rey concedió precisamente a Espinosa, junto con otros tres oficiales de imprenta, la autorización para tener negocio propio.

De este período, incluso, se pueden citar varias obras de fray Alonso de la Veracruz: Dialéctica resolutio cum textu Aristótelis y la Recognitio Summularum, ambas de 1554; la Physica speculatio, accessit compendium sphaerae compani de 1557, y Speculum coniugiorum del 1559. De fray Alonso de Molina el Vocabulario en lengua castellana y mexicana apareció en 1555, y de fray Maturino Gilberti el Diálogo de la doctrina cristiana en lengua de Michoacán, publicado en 1559.

Reproducción de la imprenta de Gutenberg. Tomado del folleto del Museo de Gutenberg en Mainz, Col. Museo de Artes Gráficas Juan Pablos. Fundación Armando Birlain Schafler para la Cultura y Las Artes, A.C.Estas obras se encuentran en el acervo custodiado por la Biblioteca Nacional de México. El último impreso de Juan Pablos fue el Manual Sacramentorum, aparecido en julio de 1560. La casa impresora cerró sus puertas ese año, pues se cree que el lombardo murió entre los meses de julio y agosto. Y en 1563 su viuda arrendó la imprenta a Pedro Ocharte casado con María de Figueroa, hija de Juan Pablos.

Son atribuibles a la primera etapa de la imprenta teniendo como editores a Cromberger y a Juan Pablos, 35 títulos de los supuestos 308 y 320 que se imprimieron en el siglo XVI, indicativos del auge que tuvo la imprenta en la segunda mitad del siglo.

Los impresores y también libreros que figuran en este período fueron Antonio de Espinosa (1559-1576), Pedro Balli (1575-1600) y Antonio Ricardo (1577-1579), pero Juan Pablos tuvo la gloria de haber sido el primer impresor en nuestro país.

Si bien la imprenta en sus inicios publicó sobre todo cartillas y doctrinas en lenguas indígenas para atender la cristianización de los naturales, al término del siglo había cubierto temas de muy diversa índole.

La palabra impresa contribuyó a la difusión de la doctrina cristiana entre los indígenas y apoyó a quienes, como evangelizadores, doctrineros y predicadores, tuvieron la misión de enseñarla; y, a la vez, fue también un medio de difusión de las lenguas indígenas y de la fijación de éstas en las "Artes", así como de los vocabularios de estos dialectos, reducidos por los frailes a caracteres castellanos.

También la imprenta propició, a través de obras de carácter religioso, el fortalecimiento de la fe y de la moral de los españoles que llegaban al Nuevo Mundo. Los impresores incursionaron notablemente en temas de medicina, derechos eclesiástico y civil, ciencias naturales, de navegación, de historia y de las ciencias, propiciando socialmente un alto nivel de cultura en el que destacaron grandes figuras por su aportación al conocimiento universal. Este patrimonio bibliográfico representa para nuestra cultura actual un legado invaluable.

EL DISEÑO TIPOGRÁFICO Y EL USO DEL LIBRO EN LOS IMPRESOS MEXICANOS DEL SIGLO XVI
Este artículo presenta algunas de las particularidades artísticas, léxicas y tipográficas que se encuentran tanto en portadas, textos, letras capitulares como en colofones e ilustraciones de los impresos mexicanos del siglo XVI, las cuales son muestran del vínculo que existía entre el diseño y el uso de del libro.
Los impresos mexicanos del siglo XVI, desde su aparición hasta la fecha, han causado fascinación tanto por su contenido como por su composición; pero sobre todo por haber sido los primeros libros que se realizaron con el invento de Gutenberg en América, por ser el vínculo entre el antiguo y nuevo mundo y por ser los promotores de la que después se denominó cultura novohispana. Esto, en consecuencia, ha permitido que los libros impresos en México durante el siglo XVI se puedan apreciar por su antigüedad, contenido y forma, siendo este último aspecto el que ahora interesa comentar, pues, desde nuestra perspectiva, son prueba de la doctrina cristiana, del método de enseñaza que se ejercía, así como de las técnicas y tendencias estilísticas que existían en Europa aplicadas en la imprenta mexicana.
Es necesario puntualizar que la composición y presentación de un libro impreso representan la marca, el estilo e incluso la personalidad y el uso del libro que el impresor o el editor dirigía hacia su consumidor. No obstante, ambas, se ven regidas por la clase de texto: religioso, literario, histórico, científico o artístico, el lector, los materiales con los que cuenta el impresor y el dinero que invertía el editor.
Por tanto, en los impresos mexicanos del siglo XVI, el formato, las portadas, el texto, el tipo de letras, ilustraciones y colofones se realizaron pensando primero en el tema o doctrina del libro, después en la persona que adquiriría el impreso, en el mensaje que quería enviar el editor a su lector y, por último, el uso que se le daba a la obra manifestado en algunos colofones.
Con base en lo anterior, en los impresos mexicanos la manera de distribuir y poner los elementos textuales e iconográficos en la portada y el texto marcaron el estilo del impresor y la forma y el contenido del colofón, la doctrina del mismo. Por su parte el formato o tamaño representa el uso y la clase del libro. Con relación al formato, la clasificación de los libros se divide en:
• Libros de consulta o estudio en donde se empleaba el folio; a manera de ejemplos están la Recognitio summularum, la Dialectica resolutio y la Physica speculatio escritos por fray Alonso de la Veracruz y empleados como libros de texto en la cátedra de Filosofía de la Real y Pontificia Universidad de México, junto a ellos se encuentra el Cedulario de Puga que contiene las instrucciones o provisiones dictadas por el rey para que las ejerciera la Real Audiencia sobre los indios naturales. También está el Graduale dominicale impreso por Antonio de Espinosa y editado por Pedro Ocharte en 1576, el cual contiene los cantos para la liturgia de la misa, según las normas del nuevo misal dictaminadas por el Concilio Tridentino


• Libros de lectura personal o de enseñanza, utilizaban el formato 4º, entre ellos se encuentran textos religiosos, prácticos y manuales; por ejemplo, manuales para la aplicación de la medicina o de la milicia, doctrinas cristianas, gramáticas, artes y vocabularios de lenguas mexicanas.

• Libros prácticos o doctrinales empleaban el 8º. Aquí se encuentran confesionarios, reglas de algunas órdenes eclesiásticas, calendarios y novenarios; por ejemplo La regla de los frailes menores impresa por Pedro Balli en 1595, El repertorio de los tiempos y historia natura de esta Nueva España escrito por Enrico Martínez, o bien, el Confesionario en lengua mexicana y castellana de fray Juan Bautista impreso en Tlatelolco por Melchor Ocharte en 1599.

Por otra parte, el estilo de los impresores mexicanos del siglo XVI se manifiesta visualmente en las portadas y la composición del texto, pues emplearon recursos textuales e iconográficos.
En las portadas existe una tipología y depende de los elementos iconográficos. Los estilos son:
1. Portada tipográfica emplea como elementos iconográficos las marcas del impresor, orlas, viñetas o escudos de la orden a la que pertenecía el escrito, esto es, no existe alguna ilustración alusiva al texto o de grandes dimensiones, sino que la información textual sobre el libro abarca la mayor parte de la portada. Las composiciones que podía hacer el impresor con el texto son dos: a renglón seguido y de lamparilla o triángulo invertido

2. Portada heráldica tiene como elemento principal un escudo de armas, real o de algún noble, de la orden de un eclesiástico o bien de un obispo. El escudo ocupa la mayor parte de la portada, se acompaña de orlas y el texto es mínimo.


3. Portada arquitectónica es una de las más elaboradas y tienen como elementos un frontón en donde podía llevar alguna alegoría del texto o bien la dedicatoria, dos columnas que podían ser dóricas, jónicas, salomónicas o con forma humana, las cuales tienen basamentos con un marco, un grabado o escudo. Por último, se halla el zócalo en donde se acostumbraba poner el pie de imprenta o el escudo de armas del reino.

4. Portada de invocación, fue la más empleada, su elemento principal es la representación del santo al que se dedicaba la obra o la del santo patrono de la orden a la que pertenecía el escritor. El grabado que la personifica, ocupa la mayor parte de la portada, por lo que el texto pasa a un segundo plano.


Cabe señalar que la tipología de las portadas mexicanas del siglo XVI es la misma que se encuentra en los impresos europeos. La técnica de los grabados es la xilográfica y su empleo es indistinto, aunque hubo una mayor preferencia por las de invocación y heráldicas, cuando la edición era pagada por el editor y el autor quería manifestar su devoción al santo.
El estilo del impresor en la composición del texto, en cambio, estaba supeditado por la clase de libro y se manifestaba por los tipos empleados, las letras capitulares y la colocación de las ilustraciones. Los tipos que se usaban eran caracteres romanos y góticos, empleando estos últimos, principalmente, en libros de carácter religioso como reglas o doctrinas; mientras que los primeros, en los libros de consulta o estudio como Recognitio summularum de fray Alonso de la Veracruz.

Las letras capitulares fungieron como recursos doctrinales por lo que se vinculaban con el tipo de libro. Las denominadas historiadas se utilizaban, la mayoría de las veces, en textos de carácter religioso y expresan el contenido del capítulo o el uso del libro.

La colocación de las ilustraciones se vinculaba con el tipo de texto, lo cual dio pauta a la siguiente tipología:
1. Narrativas, resumen el contenido del capítulo o tema principal del libro, se hallan insertas en el texto y se acompañan de notas marginales que explican y aligeran la lectura. Se emplearon en libros doctrinales.
2. Científica, reproducciones de plantas o planetas que enriquecen el contenido del texto, tienen una explicación individual y en ciertos casos son móviles. Se emplearon, principalmente, en libros de medicina o astrología.
3. Gráfica, resúmenes esquemáticos del contenido del texto se emplearon en todo tipo de obras.
4. Musicales, notas musicales que marcan la parte cantada en los libros litúrgicos, en la mayoría de las veces se hallan en color rojo para que el lector sepa que continúa dicha parte.
La técnica empleada en las ilustraciones es la xilografía y sus dimensiones no rebasan los diez centímetros; pero se debe tener en cuenta que su uso no era indiscriminado sino que lo determinaba el contenido del texto.
La doctrina cristiana y el uso e importancia del texto son palpables en los colofones, pues su representación es tanto textual como iconográfica. La textual se halla en las invocaciones o dedicatorias con las que inicia el colofón, mientras que las iconográficas se presentan en forma de cáliz o con crismones como remates.
Las particularidades en los formatos, portadas, textos e ilustraciones que se han mencionado son ejemplos del uso del libro, del vínculo entre lector, editor e impresor y de la estilística en la imprenta mexicana del siglo XVI, mismas que la colocan a la vanguardia en su tiempo.
Imprenta en México
Siglo XVIII
En este siglo XVIII, aparecen las primeras manifestaciones del periodismo mexicano que servía a los criollos para difundir sus estudios y su conocimiento como las Gacetas de México y el Mercurio Volante, que fue la primera revista médica de América, La Gaceta de Literatura y el Diario de México. Las reformas borbónicas llegaron también a la Nueva España y se manifiestan en la Constitución de Cádiz al proclamarse la libertad de imprenta el 5 de octubre de 1812. 1
Los primeros periodistas e impresores pusieron en práctica de manera abierta la inmunidad otorgada para dar a conocer su pensamiento. Se abren otros campos como son las matemáticas, la medicina, la zoología, la minería, la metalurgia, la física.
En 1822 Lucas Alamán importa de Europa una imprenta y funda con ella el periódico El sol. En 1826 Mariano Galván Rivera inicia la publicación del Calendario "Galvan" el cual llegó a tener gran demanda en los siguientes siglos y se publica en la actualidad. 2
También se publicaron órdenes reales, para asegurar el buen gobierno, obras lingüísticas y la primera bibliografía impresa en el Nuevo Mundo, la Bibliotheca Mexicana de Juan José de Eguiara y Eguren. Se inicia la publicación de obras de arqueología, de historia de México y la Universidad siguió generando y demandando numerosos impresos.
Asimismo se avanzo en la renovación en la industria tipográfica. La cual llegó a alcanzar en este siglo ilustrado grandes niveles de producción y perfeccionamiento. La imprenta, no estuvo exenta de cambios; se muestra fortalecida consolidada, próspera y floreciente. También se establecieron más de quince nuevos talleres que contaron con prensas de la más variada eficacia y calidad, algunos dotados con los equipos más modernos de la época, adquiridos en Francia y Alemania, como las llamadas imprentas de cuadros móviles y las de planchas intercambiables. 3
En ese siglo las imprentas mas famosas fueron las de la viuda de Miguel Rivera, la de Francisco Rivera Calderón, las de los herederos de Guillén y Carrascoso, la de Diego de Fernández de León, la de José Jáuregui, las de la familia Hogal, y las de los Zúñiga y Ontiveros, las cuales editaron tanto a los autores clásicos como a sus contemporáneos; se ocuparon de temas religiosos, científicos, culturales y literarios, con diversos grados de calidad estética y tipográfica pero sin duda con máxima entrega para no perder la lealtad de sus clientes, civiles, reales o religiosos. Hubo mujeres que estuvieron varias décadas al frente de sus empresas. 4
Otra característica de este siglo es la gran riqueza bibliográfica, que aportaron los bibliógrafos mexicanos mas destacados fueron: Joaquín García Icazbalceta, Vicente de Paula Andrade y Nicolás León , Jose Toribio Medina. Las obras realizadas se observan en el siguiente cuadro: 5
Siglos Títulos Obras Autor
Siglo XVI 118 Bibliografía Mexicana del Siglo XVI 2a. ed. 1954 Millares Carlo J. García Icazbalceta
Siglo XVII 1394 Ensayo Bibliográfico del Siglo XVII Vicente de Paula Andrade
Siglo XVIII 4000 Bibliografía Mexicana del Siglo XVIII. Nicolás León
Siglo XVIII 12412 La imprenta en México José Toribio Medina
Siglo XVIII 2864 La imprenta en México José Toribio Medina
Las obras producidas en el siglo XVIII responden al espíritu religioso de la época, buena parte de ellos se caracterizan por mostrar ostensiblemente el influjo de las ideas ilustradas europeas y representar a la generación criolla de espíritu crítico y de su inclinación científica.
Cabe señalar que la producción tipográfica fue numerosa y variada. Por lo que se refiere a las ilustraciones de los libros, se crean un mayor número de láminas grabadas en cobre, algunas de excelente calidad; también se graban escudos, retratos, planos, monumentos y alegorías, donde se deja sentir el influjo del estilo barroco predominante en el arte de esta época. A finales del siglo se inicia la influencia del escrito neoclásico. Respecto a la encuadernaciones de lujo, mismas que se confeccionaban con diferentes materiales, siendo las más comunes, las pieles lisas, marroquinadas o repujadas, de terciopelo, de seda y otras. Solían decorarse con oro, incrustaciones de nácar y con broches de bronce y plata. 6


Bibliografía

1.- Fernández, RM. (2001). Patrimonio Bibliográfico de México. [en línea]. Disponible en: http://www.ifla.org/IV/ifla67/papers/142-123s.pdf" [2006, septiembre 6].

2.- Escobar, L., Jiménez, G. Historia del libro y las Bibliotecas en México. Liber Revista de Bibliotecología. [En línea]. Disponible en: http://eprints.rclis.org/archive/00003539/01/his-libro.pdf [2006 septiembre 6].

3.- UNAM. (1981). Origen, Desarrollo y Proyección de la imprenta en México. México: UNAM.

4.- Garone, M. Herederas de la letra: mujeres y tipografía en la Nueva España. [En línea]. Disponible en: http://www.unostiposduros.com/paginas/histo16c.html [2006 agosto 9].

5.- IFLA. (2001). 67th IFLA Council and General Conference [En línea]. http://www.ifla.org/IV/ifla67/papers/142-123s.pdf[2006, septiembre 4].

6.- Martínez, L. (2002). Los impresores libreros en Nueva España del Siglo XVII. [En línea]. Disponible en: http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/may2002/martinez.pdf [2006, septiembre 6].

miércoles, 14 de octubre de 2009

Imperio Babilónico









Babilonia

Famosa ciudad de Oriente, capital del reino o imperio caldeo o caldeo-babilónico, y del imperio asirio en algunas épocas. Estaba situada en ambas orillas Eufrates, que la atravesaba de N. a S. Sus muros eran de ciento veinte metros de alto y treinta de grueso y estaban flanqueados por dos hileras de torres, una dentro y otra fuera de aquéllos, habiendo bastante espacio entre ellos para que un carro con cuatro caballos pudiese girar fácilmente. Una zanja o trinchera ancha y profunda, revestida de ladrillos y llena de agua, rodeaba toda la ciudad que tenía 80 Km. de circunferencia, y en cada uno de los cuatro lados del recinto se abrían 26 puertas de bronce macizo. La torre del gran templo de Belo era uno de los más notables monumentos de la ciudad. Ocho pisos o torres cuadradas sobrepuestas presentaban la forma de una pirámide con gradas enormes. En la cumbre de la torre se elevaba el templo, dominado por una plataforma en donde los sacerdotes se entregaban al estudio de la astronomía. La altura total excedía en más de 40 metros a la más alta de las pirámides de Egipto. El templo estaba dedicado al Sol bajo el nombre de Baal. Habían sido edificados torre y templo por el rey Belo, y todos los reyes de Asiria y Babilonia pusieron gran empeño en su conservación y embellecimiento. Fue saqueado el templo por Jerjes al regresar de su desgraciada expedición contra los griegos; aún existía en tiempo de Aristóteles; Alejandro Magno lo encontró ya arruinado e hizo vanos esfuerzos para restaurar tan gigantesco edificio. Todavía un inmenso montón de ladrillos y trozos de columnas situado en la orilla O. del Eufrates y conocido con el nombre de Birs Nimrud, recuerdan la existencia de la colosal torre. Otro de los grandes monumentos de Babilonia era un puente, que el historiador Quinto Curcio cuenta en el número de las maravillas del mundo, y reunía las dos partes de la ciudad, separadas por el Eufrates. Inmensos depósitos recibían y repartían las aguas del río durante las inundaciones. Pero sobre todas las grandezas de la portentosa ciudad, celebraron los escritores griegos los hermosos jardines suspendidos, colocados a la altura de las murallas, es decir, a ochenta pies y formados por pilares de piedra que sostenían piso también de piedra donde se amontonaba tierra en gran cantidad: y tal era la fuerza de los árboles que crecían sobre aquel suelo artificial, que los había de ocho codos de circunferencia y cincuenta pies de altura, y tan ricos en frutos como si estuvieran alimentados por su tierra natural. Respecto al carácter, costumbres y religión de los habitantes de Babilonia , el mismo citado historiador dice que no existía nada más corrompido que aquel pueblo; nadie más sabio en el arte de los placeres y de la voluptuosidad. Padres y madres permitían que sus hijas se prostituyeran a sus huéspedes por dinero, y los maridos no eran menos indulgentes con sus mujeres. Celebraban suntuosos festines a los que asistían las mujeres despojadas de todas sus vestiduras; y no mujeres públicas, despreciables cortesanas, sino damas de la más alta alcurnia acompañadas de sus hijas. En un principio adoraban a los astros; después divinizaron a Belo, y el dios Baal parecía ser a un tiempo el sol y el rey. También adoraron a Venus con el nombre de Mitra o Milita, y en su templo se prostituían las mujeres en honor de la diosa. Según las tradiciones mitológicas caldeas, Babilonia existió muchísimos años antes del diluvio. Un dios, mitad hombre, mitad pescado, que salió del mar Rojo y a quien llaman Euhanes u Oanes, presentándose a los hombres, que entonces vivían como las fieras, fue quién les enseñó las reglas fundamentales de las ciencias y cómo se construían los edificios. Este mismo Euhanes, después de un largo período, volviendo a aparecer entre los hombres, escogió entre ellos al primero de los reyes Aloros, que reinó diez saros (ciclos de años) y a quien sucedió Aloparos, su hijo, que reinó tres y luego Amillaros, que lo hizo trece, y en tiempo del cual apareció de nuevo el dios monstruo. Después de Amillaros reinaron otros siete reyes: Ammenon, Amelagaros, Davos, Evedoranchos, Ameupsinos, Obastes y Xisuthros durante noventa y cuatro saros. En el reinado del último de ellos fue cuando ocurrió el diluvio, del que, según la tradición, sólo se salvaron Xisuthros, que viene a ser el Noé de la Biblia, y algunos de los suyos. Al salir del arca, desapareció Xisuthros, y cuando sus compañeros le buscaban, su voz se dejaba oír, aconsejándoles volviesen a Babilonia. Allí fundaron una nueva ciudad y sus descendientes, gobernados por Sakkanaku (reyes pontífices), permanecieron independientes hasta 2.300 o 2.280 años a. de J. C., en que un rey de Susa, Kudur Nakhurta, se apoderó de ella y fundó la dinastía meda (V. Beroso, Oppert y Maspero). A esta misma época refieren los modernos descubrimientos y estudios orientales la fundación de la ciudad, o por lo menos su engrandecimiento, habiendo alcanzado su apogeo bajo el rey Chamuragas, quien la hizo capital de toda la Caldea, y la hermoseó con templos y palacios. En cuanto a la tradición hebrea, refiere que fue fundada Babilonia por el gran cazador Nemrod, al pie de la torre de Babel. Hacia el año 2.000 ocurrió la conquista de Babilonia por Belo, oriundo de Nínive, quien la hizo capital de su imperio (el primero asirio) y a quien tradiciones que la crítica histórica rechaza dan por sucesores a Nino y Semiramis. Lo cierto es que a mediados del siglo XIII a. de J. C. Babilonia, con todo el imperio caldeo, cayó en poder del faraón Tutmosis III. Siguió luego la suerte de los imperios asirio y babilónico. Fue del primero hasta la caída de Sardanápalo, viviendo luego con cierta independencia y con reyes propios, aunque vasallos de Nínive, entre los cuales figura el célebre Nabonasar, que abrió la era de su nombre (747). Destruida Nínive en 625 por Ciajares y Nabopolasar, Babilonia fue la capital del reino o imperio que este último fundó. Le sucedio Nabucodonosor, en cuya época (605) empezó la cautividad de los judíos. Entonces se daba a Babilonia el título de Reina de Oriente y morada del Rey de Reyes. Ciro, rey de Persia, la conquistó en 538, entrando en ella por el cauce del río, cuyas aguas desvió. Convertida la gran ciudad en capital de una de las satrapías persas, comenzó su ruina. Ciro redujo las murallas a la mitad de su altura. Darío arrancó sus puertas de bronce. Alejandro Magno proyectó hacerla capital de su imperio; pero murió en esta misma ciudad, y su destrucción continuó rápidamente. Los materiales de la reina del Oriente sirvieron para la edificación de Seleucia, capital de los Seleucidas, y hoy la llanura que fue Babilonia está cubierta de montecillos de escombros revueltos y confundidos hasta tal punto, que no puede reconocerse el sitio y los límites justos de los principales monumentos que allí hubo. Se encuentran estas ruinas cerca de la ciudad de Hilleh, fundada en 1101, en los 32º 30' de latitud N. y los 48º 8' de longitud E., unos 90 kms. al S. de Bagdad.

Caldea

Caldea

Caldea es el nombre con que se conoció en la Antigüedad la región situada en la baja Mesopotamia, al establecerse en ella los caldeos. Posteriormente esta denominación se extendió a toda la región de Babilonia, pero solo debe llamarse Caldea a la zona extrema sudoriental de la parte meridional de la cuenca del Eufrates y el Tigris, próximo a los desiertos de Arabia. La historia de Caldea solo empieza en realidad, desde que todas las tribus casitas y tribus semitas, junto con las ciudades de Babilonia, Erex u Orcoe, Uarkadel, Accad, llamado también Nipur, que se hallaba en medio de la Caldea propiamente dicha y a orillas del famoso Canal Real y Xalané ó Ur, palabra caldea que significa "la ciudad por excelencia", se unieron formando el estado de Caldea y Babilonia con el nombre del 1º Imperio Caldeo o Caldeo-babilónico, cuyos reyes residían alternativamente en cada una de las cuatro ciudades citadas y desde ese momento la historia de Caldea es la historia de Babilonia.
Durante el período de la dominación asiria de Babilonia los caldeos presentaron una resistencia fuerte al reino asirio. Cuando Babilonia finalmente restableció su independencia, se encontraba bajo una dinastía caldea. Después de la conquista de Babilonia por los persas, los caldeos desaparecen como una tribu separada. Los reyes de la dinastía caldea fueron:
• Nabopolasar: 626 a. C.-605 a. C.
• Nabucodonosor II: 605 a. C.-562 a. C.
• Amel-Marduk: 562 a. C.-560 a. C.
• Neriglissar: 560 a. C.-556 a. C.
• Labashi-Marduk: 556 a. C.
• Nabonido: 556 a. C.-539 a. C.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Metodologías parte 1

Método Hipotético - Deductivo

Este método es la base con la cual se genera un
número importante de metodologías, entre las que
se encuentra el método científico. Este método
se basa en la observación y el análisis, haciendo
hincapié en el hecho de que no se busca la
experimentación, lo que se enfatiza es la comparación
entre situaciones (fenómenos)buscando un común
denominador. Cuando logramos detectar las partes
de un fenómeno y podemos hacer el análisis de éstas
y su posterior comparación,se llegan a conclusiones
que forman teorias y posteriormente leyes.
El método funciona de manera natural, es decir,
cuando se estudian comportamientos tanto de seres
humanos, grupos humanos o incluso algunos animales,
nos damos cuenta que ante la presencia de un suceso,
el individuo reacciona de una forma dada;
cuando este fenómeno o suceso se repite, el individuo
puede de la misma forma repetir la reacción, con
lo cual es probable que se llegue a una solución, con lo
cual se genera un aprendizaje.
El método funciona de esta manera:
Observas un suceso o fenómeno, lo comparas con otros
sucesos similares, generas una hipótesis o por inducción
se extrae la ley general por la cual funciona el fenómeno
y, muy importante, esta ley general debe de ser refutable,
es decir, que puedas ponerlo a un análisis para ver si
es cierto o no (falsabilidad).
Pros: es un método que hemos usado para aprender las
cosas que hacemos cotidianamente desde niños
Contra: hay cosas que no podemos repetir, porlo cual
no se pueden comparar

Método de triangulación.

Este método funciona desde la base de que
todo fenómeno puede ser atacado desde
tres perspectivas u observadores: una persona
puede ejercer una función, pero no puede hacerlo
todo a la vez. Ya que has tomado las tres funciones,
tienes la información suficiente para llegar a
la posible solución del problema.
Pros: nos permite realizar varias funciones
al buscar una solución
Contras: no somos expertos en todo, hay cosas
en las cuales podemos fallar y por lo tanto el
método no nos acerca a la solución más útil o factible



¿Cómo resolverías esto?
Usa ambos métodos y trata de darme la solución:

--Un mudo, un ciego y el hijo de este
están pasando el día cerca de un río.
En un momento el hijo del ciego se cae
al agua y se ahoga.
El mudo lo ve, pero ¿como hace para avisarle a su padre?--

--Un mudo entra a una farmacia, pide un
cepillo de dientes haciendo gestos
con sus dedos sobre sus dientes, luego
un ciego entra a una optica.
¿Cómo pide un par de gafas?--

Temario de Metodos de Diseño

TEMAS Y SUBTEMAS
1. PROBLEMAS QUE INTERVIENEN EN EL CONTEXTO DEL DISEÑO
1.1. Definición de metodología.
1.2. Detección de necesidades.
1.3. Tipología de problemas de diseño.
1.4. Área sensible a las ideas.
1.5. Determinación del área sensible a las ideas.
1.6. Factores políticos.
1.7. Factores económicos.
1.8. Factores sociales.
1.9. Factores culturales.
2. MÉTODOS DE DISEÑO
2.1. ¿Qué es el diseño?.
2.2. Definición de metodología.
2.3. Métodos tradicionales.
2.4. Necesidades de nuevos métodos.
2.5. Proceso de diseño desintegrado.
2.6. Elección de estrategias y métodos.
3. METODOLOGÍA DE DISEÑO EN ACCIÓN
3.1. Estrategias prefabricadas
3.2. Control de estrategias.
3.3. Métodos de exploración de situaciones de diseño.
3.4. Métodos de investigación de ideas.
3.5. Método de la exploración de la estructura de un problema.
3.6. Método de evaluación.
4. METODOLOGÍA APLICADA
4.1. Análisis de contexto de diseño.
4.2. Detección de necesidades.
4.3. Desarrollo de una metodología de diseño.
4.4. Evaluación de la metodología aplicada.

Reglamento de clase Métodos del Diseño

Métodos de Diseño

Reglamento de clase
1. No hay retardos, una vez tomada la lista de asistencia puedes entrar al salón pero con falta
2. Tienes derecho a 5 faltas en el cuatrimestre
3. Todo justificante debe de ser llevado a la Coordinación de Diseño Grafico y
Arquitectura con la Lic. Lucia Fernandez para que sea válido
4. Se prohibe comer en el salon, puedes tener agua pero en una botella para que
la cierres sin que se derrame
5. No hay entrega de trabajos extemporáneos


Evaluación:
Tareas 25%
Participaciones 10%
Trabajos en clase 15%
Examen 50%

Temario de Historia del Arte parte 1


TEMAS Y SUBTEMAS
1. MEDIO ORIENTE, MESOPOTAMIA Y EGIPTO
1.1. Las culturas Caldea y Babilónica.
1.2. Las culturas Asiría y Persa.
1.3. Las culturas Siria y Fenicia.
1.4. Características tipológicas en arquitectura, escultura, relieve, pintura, gráficos y artes menores.
1.5. La cultura egipcia.
1.6. Características tipológicas en arquitectura, escultura, relieve, pintura, gráficos y artes menores.
1.7. Análisis comparativo entre sus manifestaciones artísticas. Su relación con la cultura y la religión.
2. GRIEGOS Y ROMANOS
2.1. Creta.
2.2. La cultura griega y el Helenismo.
2.3. Características tipológicas de su arquitectura, escultura, relieve, pintura, gráficos y artes menores.
2.4. Cánones de proporción, órdenes, perspectiva y escorzo.
2.5. Etruscos.
2.6. La cultura romana.
2.7. Características tipológicas de sus manifestaciones artísticas.
2.8. Principales artistas y sus obras.
3. EL ARTE EN LA CRISTIANDAD
3.1. Las catacumbas.
3.2. Escultura relieve y pintura.
3.3. Primeras normas iconográficas del cristianismo.
3.4. Principales temas iconográficos.
4. ARTE BIZANTINO
4.1. El arte bizantino en Oriente.
4.2. El arte bizantino en Italia.
4.3. El arte bizantino en europa oriental.
4.4. Características tipológicas de su arquitectura, escultura, relieve, pintura, gráficos y artes menores.
4.5. Proporción y maneras de representación.
4.6. Los mosaicos y su temática.
5. ARTE MUSULMÁN Y MODEJAR
5.1. El nacimiento del islamismo.
5.2. La expansión musulmana.
5.3. Tipología artística a sus regionalismos.
5.4. Geometría, arabescos y caligrafía.
5.5. Normas de representación gráfica.
6. ARTE PALEO CRISTIANO Y ROMÁNICO
6.1. Antecedentes histórico culturales del medioevo.
6.2. Análisis comparativo de sus tipologías y evolución de estilos.
6.3. Proporción y modo de representación.
6.4. Iconografía.
6.5. Regionalismos.
7. ARTE GÓTICO
7.1. Desarrollo del románico al gótico.
7.2. La influencia de oriente y las cruzadas.
7.3. Análisis tipológicos de las manifestaciones artísticas.
7.4. Cánones de proporción.
7.5. Los vitrales, temática y patrocinadores.

Reglamento de clase Historia del Arte


Historia del Arte

Reglamento de clase

1. No hay retardos, una vez tomada la lista de asistencia puedes entrar al salón pero con falta

2. Tienes derecho a 5 faltas en el cuatrimestre

3. Todo justificante debe de ser llevado a la Coordinación de Diseño Grafico y Arquitectura con la Lic. Lucia Fernández para que sea válido

4. Se prohíbe comer en el salón, puedes tener agua pero en una botella para que la cierres sin que se derrame

5. No hay entrega de trabajos extemporáneos



Evaluación:



µ Tareas: 20%

µ Participación en clase 10%

µ Exposiciones o trabajos en clase 20%

µ Examen 50%